Es duro cuando ves a una mujer amenazada por ETA, como lo es Maria San Gil, ser abucheada e increpada por una jauría de chulitos hijos de mala madre, que no se han ganado el pan que han comido en su puta vida y a los que les han lavado el cerebro con consignas nazionalistas en plena democracia.

Es duro contemplar la impotencia, de quien si que siente el cañón de una "nueve milímetros" sobre la sien todos los días de su vida, caminar dando tumbos de un lado para otro en lo que antaño sería un hogar de la democracia, como lo eran antes las Universidades, pero que con la llegada de los nazionalismos radicales y las prebendas antiderechonas, se han convertido en criaderos de radicales analfabetos culturizados, seguidores de fantasmas antiguos y próxima vergüenza del país.

Esta chusma, a la que sus padres mantienen con vida mientras ellos se van de fiesta los Jueves por la noche y que pasan de ir a la Universidad el Viernes porque están de resaca, creen que todo el mundo comenzó a vivir de la misma forma que ellos lo hacen. Pero se equivocan. Se olvidan que antes la gente trabajaba antes de saber caminar y no comprenden la suerte que han tenido por haber nacido unos cuantos años después que sus padres. No aprovechan las bibliotecas que tienen en los campus para aprender y si para jugar al mus.

Es incomprensible que niñatos de esta calaña sean capaces de sacarse la carrera. Aunque eso si, mi propia mujer me cuenta que en la universidad se aprueba por cupos y que incluso a ella le aprobaron la asignatura de Álgebra con una nota de 3'9 más un punto de prácticas.

Tengo la suerte de comprobar que no todos los Universitarios son de esta índole. Mi mujer aún lo es. Pero no me negarán que se les hecha de menos cuando esta jauría de capullos toman los pasillos de las Universidades, para salirles al frente y decirles...

¡¡¡Basta ignorantes, aquí los únicos terroristas y fascistas sois vosotros!!!