Este fin de semana llegan los Reyes y como siempre, los niños y los no tan niños, se desesperan aguardando su llegada. Aún recuerdo cuando los esperaba medio despierto y los oía caminar por casa de mis padres mientras ordenaban todos los regalos en el comedor...

Recuerdo aquella época de mi vida con mucha nostalgia. Recuerdo los malos ratos que les hice pasar a mis hermanos por eso de ser el mayor y me arrepiento todavía de muchas de aquellas afrentas. Me apena el saber que nunca podré cambiarlas.

Pero no creáis que yo era un hijoputa. Lo que pasa es que me negaba a jugar con  ellos. O no quería que vinieran conmigo. Chiquillerías que en aquel momento carecían de importancia, pero que con el paso de los años van pesando en el corazón del que escribe y le hacen sentirse mal.

Y es por eso por lo que me gusta la llegada de los Reyes. Me permite revivir mi infancia en las personas de otros niños. Me permite imaginarme de nuevo a la media altura de la silla. A las puntillas para llegar a la mesa. A una actividad frenética durante todo el día. Revivir su forma de mirar el calendario, de esperar la llegada de los Reyes.

Recuerdo cuando me levantaba de puntillas y caminaba descalzo hacia el comedor. Recuerdo abrir la puerta y descubrir un montón de regalos esperando a ser abiertos. Recuerdo uno en concreto, un coche de policía a pilas que iba dando tumbos por el comedor...jejeje

También recuerdo otro que se nos hacía a mi hermano y a mi todos los años. Un balón de reglamento amarillo. Y no es que todos los años nos regalaran un balón...si no que todos los años nos regalaban ese balón. Y es que mi abuela se lo llevaba a los dos o tres días a casa y se lo guardaba a los Reyes para el año siguiente. Cuatro años nos tuvo así la abuela. Con esta referencia le doy un beso a la abuela (que ahora está pachucha). Un besito abuela.

Recuerdo como salíamos todos los chicos de la calle con nuestros regalos y la tomábamos a grito pelado sin respetar lo que eran aceras y lo que era calzada.

También recuerdo que muchos de los regalos solo duraban dos días...jejeje...era un manazas...

Por eso se me alegra el corazón cuando llegan estas fechas. Me gustan los Reyes. Me gusta la mirada de los niños. Lo vivo con ellos....Espero tener pronto yo uno...(guiño a la mujer que me da la espalda en estos momentos)...aunque la carrera está antes que nada, ¿pero a quien no se le puede coger en un renuncio alguna vez en su vida?

Llegan los Reyes. Llega la alegría.