Llegó el nuevo año y con él me llegó una duda que carcome al personajillo que llevo dentro. Es extraño que mientras las doce campanadas suenan, nosotros nos atragantemos con las uvas mientras festejamos la llegada de la dichosa cuesta de Enero. Y sí, digo cuesta de Enero y no el Año Nuevo porque al parecer eso es lo que nos espera.

Ya es algo consabido eso de la subida anual de impuestos con la llegada del primer amanecer del nuevo año, pero no por ser algo que pasa siempre igual, deja de ser extraño que lo festejemos por todo lo alto. Nos emborrachemos (algunos, yo soy abstemio), nos revolquemos gritando de felicidad, nos abracemos los unos a los otros, e incluso seamos capaces de llamar a las suegras para felicitarlas, cosa que demuestra nuestro estado de enajenación mental transitoria al sonar la última campanada.

Con ella, la última campanada, llegan a nosotros como si de un ejército se tratara, subidas de impuestos que nos hacen apretar los cinturones hasta límites insospechados. Incluso hay alguno por ahí que deberá quitarse una de esas costillas que las modelos y demás gente de mal vivir (por lo poco que comen), se quitan para aparentar tener una cintura de avispa. Un ejército que embiste las murallas de nuestra economía doméstica y que con cada nuevo recibo, embiste de nuevo esperando arrasar con lo poco que tengamos ahorrado.

Nos gasean con subidas del Gas y nos electroputan con otras tantas de la luz. Nos dicen, ir en coche será más caro, porque el petróleo sube y suben también el transporte público. Con él, el petróleo, suben también las manzanas, las peras, los melones, el arroz...suben todos los alimentos. Los materiales de la construcción, los de la industria metalúrgica...todos los de las industrias. Sube el pan, la leche, los conguitos y los cacahuetes fritos. Sube el paro, el desempleo, las precariedad laboral...Por eso lo llaman cuesta de Enero.

Pero en esta cuesta que todos festejamos con las campanadas, hay una cosa que no sube. Y no, no es mi virilidad...(por las nubes normalmente)...si no los sueldos.

Los sueldos. Con esa sola palabra hay para escribir de nuevo la biblia y además hacer miles de copias en verso. Los sueldos, en esta cuesta de Enero, quedan relegados a un segundo plano y su hunden en un pozo sin fondo en donde la tarjeta de crédito, las fianzas y los pagos aplazados, conforman una gruesa tapa que enterrará durante unos meses nuestra nómina para que no vea la luz del Sol hasta bien pasada la Primavera. O sea, hasta la llegada de la nueva paga extra.

La paga extra...la cobré hace unos días y ya añoro la llegada de la siguiente...Ya lo dicen las malas lenguas... "La paga extra es como un superorgasmo, siempre esperas a que llegue, pero solo llega dos veces al año...el resto de los días hay que aguantarse con lo que buenamente se pueda".

Pd: No es que no sea una máquina del amor...es lo que la sabiduría popular dice. Y si lo dice la sabiduría popular...pues va a misa. Y punto en boca.