Con la espada de Damocles caída sobre mi blog de Spaces El Mosquitero,  llega a mi mente la reflexión que todo bloguer debería plantearse alguna vez...¿Es imprescindible su blog para dar a conocer sus experiencias o podría cambiarlo por otro en caso de que lo perdiera sin ningún problema?

Veo en Spaces, que es donde más censura de blogs por habitante hay, que muchos de sus bloguers se aferran a la esperanza para que les devuelvan el blog con el que empezaron a bloguear. Ni por un momento piensan en abrir uno nuevo y seguir como si tal cosa. En mi caso la segunda ha sido mi opción, pero también es verdad que este lo tenía abierto antes de que se cerrara el otro...

Parece que el trasfondo que se esconde tras la esperanza de la devolución del blog, es no perder a los lectores (y a veces comentaristas) del propio blog. No querer tener que comenzar de nuevo a ser conocido. Tener miedo a no serlo de nuevo...o tardar mucho en recuperar el terreno perdido tras el cierre de su blog de siempre.

Es cierto que con el cambio de blog se pierde mucho. Se pierden todos, o casi todos los lectores. Se pierde la inercia adquirida con el tiempo en las actualizaciones. Se puede llegar a perder el hilo argumental del blog mismo. Puede incluso que se quede uno en blanco.

Parece que se pierde la idea original que tenían los blogs. Ellos no se hicieron para adquirir fama, ni para hacerse rico, ni para estar en rankings...solo se hicieron para transformar internet. Para dotarle de interactividad, para que una página escrita por alguien no se limitara a una sala de museo en la que el visitante mira y punto, si no para que pudiera pintar junto al autor para hacer mucho más rica la obra final.

Dice Marcelino muchas veces, y creo que esto es algo que habría que recordarse uno cada cierto tiempo, que "no importa donde se escriba, si no lo que se escriba". Aferrase a un blog, como si de este dependiera que lo dicho por uno pudiera ser escuchado por otros, no es mas que un error provocado por el miedo a no ser reconocido de nuevo.

Debates como los de los eventos de blogs en los que los tecnicismos se hacen excesivos y las formas de expresarse se retuercen hasta el punto de hastiar a los asistentes al acto, no hacen más que alejar a los verdaderos bloguers de la finalidad última de la herramienta que utilizan...dejar constancia de su punto de vista personal de las cosas.

Pero no solo de ellos es la culpa. Los bloguers se aferran a sus blogs y tiñen de falso romanticismo su relación con estos. Vinculan su forma de pensar al blog y la moldean para con la de sus lectores y a veces consciente, a veces inconscientemente, evitan en la mayoría de los casos el enfrentamiento con estos con la escondida finalidad de no perder lectores.

Se olvidan de que los blogs son conversación, no halagos. Que decir en un comentario "tienes toda la razón del mundo", puede ser algo que te alegre el día una vez, pero que la repetición constante del mismo comentario sin que nadie sea capaz de ofrecer otro punto de vista, aunque sea solo un poco diferente, llega a cansar y hasta hace que se le quede al autor la sensación de vivir en una isla en la que solo pasa de vez en cuando alguien por la orilla para saludar...y nunca se queda a tomarse una piñacolada.

No digo que se le deje de tener cariño a un blog, yo mismo se lo tenía a La Pardalá, si no que el perderlo nunca deber ser un trauma. No podemos hacer de la pérdida de un blog una hecatombe que dilapide toda posibilidad de ser escuchado en un futuro cercano. Debemos contribuir a dar a entender que el respeto en la blogocosa no lo da el seguimiento de un código de conducta ambiguo, si no la palabra propia y el uso que de ella hagamos en nuestro blog...tanto el actual como el futurible.

El blog no es mi voz, si no mi altavoz.