Abrió de nuevo el periódico y el espejismo del reencuentro con el pasado volvió de golpe. Ya habían pasado más de treinta años desde la desaparición de aquel pequeño señor con bigote y las rencillas que suscitó en vida, perduraban incluso más afiladas que entonces.

Tantos años después había gente, que omitiendo su comprometido pasado a la vera del dictador, se proclamaba defensor de la verdad y abanderado de la justicia y la bondad. Ya se sabe, hay veces en que un periodista, idolatrado hasta la extenuación por los suyos, se cree invencible y poseedor del dogma que todos debieran seguir.

Cerró el periódico y pensó en si en realidad aquello le importaba. Pensó en las manifestaciones de concordia de hacía treinta años y en los abrazos entre desconocidos cuando el nuevo marco legal se hizo realidad. Recordó que en aquellos días, parecía que todo lo vivido durante cuarenta años pasaría a la historia como una pesadilla en la que una nación entera, permaneció sumida sin posibilidad de despertar hasta la muerte del bajito que los había amedrantado.

¿Recordar cosas que pasaron hacía setenta años? Eso era una locura. Parecía más bien a su entender, que algunos preferían no pasar esa página manchada de sangre de nuestra historia y urgaban en ella a sabiendas del dolor que provocaban en la sociedad a la que creían que servían tan eficazmente.

Miró el reloj y advirtió la fecha. La mayoría de los que ahora leían esas noticias no habían vivido esas desgracias. No sabía si quien no hubiera vivido en uno de los bandos enfrentados, debía pertenecer a uno de ellos por obligación, o podía desentenderse de los mismos y ser solo parte de un pueblo al que amaba.

¿Como ser de un bando o de otro, cuando no había vivido los años anteriores al conflicto?

Esa pregunta lo dejó absorto. Intentó imaginarse aquella época pero lo fue imposible. él nunca había vivido una guerra, por lo que le era imposible imaginarsela. Además, la vida le había demostrado que cualquiera podía convertirse en un ser vil tan solo haciendo coincidir algunos hechos y dándole la oportunidad de resarcirse de un agravio. ¿Quien podía decir que no era vengativo?

Tal vez viendo enterrar vivo al cura de su pueblo, fusilar a un rico a las puertas de su casa para después saquearla...o incluso matar a otro por ser republicano, hubiera influido para decidir en qué bando militar o incluso le hubiera convencido para huir de su patria y encontrar la libertad. Puede incluso que hubiera intentado defender a cualquiera de los asesinados en los tres casos y entonces, solo hubiera sido una víctima más de la desolación y la sangría a la que se enfrentaron sus compatriotas en aquellos tiempos.

De ahí a mantener viva una idea que solo servía para agredir a la mitad de la sociedad, con la excusa de desagraviar a las víctimas, pero con la oculta intención de echar sal sobre una herida que antes se había creído cicatrizada había un trecho. Y ahí el no entraba.

Lo mejor sería que el periodista de la noticia dejara de jugar a ser político y se dedicara a contar noticias. Ya no exponer opiniones con las que unos u otros podrían estar en desacuerdo, simplemente dedicarse a aquello que le había brindado un futuro y una vida...informar.