Es cosa mala  el saberse responsable de una forma de política que solo es favorable mientras se está en la oposición. Sí, esa en la que se coge a unas doscientas personas y se las invita a bocadillo y Coca-Cola a cambio de abuchear a sea cual fuere del representante del partido contrario que se atreva a hacer acto de presencia en un acto público. Ese tipo de oposición, pancartera y gutural, que desde hace unos diez años nos abruma con desmesurada insistencia haciendo casi inaudibles los discursos politiqueros de nuestros bien amados chicos de las urnas.

Quien nos iba a decir que en el futuro, ahora presente, no importaría la verdad, si no el rastro que dejaría una acusación hecha sin fundamento, pero amparada por el refranero popular que reza..."cuando el río suena, agua lleva"...Y es que ahora el PP se suma un día sí y otro también a la moda del abucheo. Ya sea en el desfile militar, un entierro o la aparición de un politicucho al que le ha dado por figurar en un acto cualquiera.

Mal vamos señores, si nos conformamos con una política de gestos, en vez de exigir una política real. Esa política que nos soluciona los problemas reales, que nos escucha y recoge las inquietudes reales de la ciudadanía. Una política que no se limita a un gesto determinado en según qué momento y que por supuesto, no se basa en destructivos vídeos propagandísticos que no dejan de ensalzar vanalidades y omitir las realidades que todos vivimos a diario a pie de calle.

Soy de derechas, pero no comparto el abucheo en ninguno de los dos sentidos. Ni aceptaba las piedras contra las sedes del PP hace casi cuatro años, ni me gustan los silbidos contra la vicepresidenta por el mero hecho de figurar entre los invitados de un acto. Seamos serios señores, que no todos somos socialistas.