Hace unos días que decidí acabar con el blog de Spaces. Un blog en el que empecé a saber de qué iba este mundillo. Un lugar al que yo mismo condené al ostracismo al borrar todas y cada una de sus entradas. Borré incluso los enlaces del blogrroll y dejé una única entrada en la que definitivamente me despedía de todos y los redireccionaba hasta este lugar. Un lugar donde aprendí aquello que los spaces me habían obviado, cosas como las plantillas y su código HTML. Ese código que solo podía, hasta ese momento, manejar mínimamente para algunas cosas.

La llegada a este blog fue paulatina y no certera desde el primer momento. En honor a la verdad, debería decir que durante muchos meses este blog permaneció totalmente abandonado. Solo el descubrimiento de la modificación de plantillas, scripts y demás parafernalia para personalizar el blog, hicieron que cada día me gustara más el mismo. A disfrutar de lo que es personalizar tu blog, a modificarlo a tu antojo...y a descubrir una blogosfera totalmente diferente a la que conocía.

El día que escribí la entrada de despedida de spaces, puse fecha de caducidad al blog. Hoy aún es el día que no me he decidido a cerrarlo del todo. Y no lo hago porque me resisto a olvidar a un maestro, un rinconcito en medio de la blogosfera que despertó en mí esta pasión que es bloguear.

Es cierto que tras dos años y medio blogueando no se puede decir que me haya convertido en un A-List pero...¿qué es en realidad el éxito? ¿ganar dinero a porrones? ¿tener comentarios a puñados? ¿estar más visitado que google?...No, para mí tener éxito ha sido el bloguear durante todos estos años sin aburrirme, aceptar las opiniones contrarias (que no comulgar con ellas) y defender las mías propias a capa y espada, ver el mundo desde una perspectiva diferente, criticar y ser criticado, poder ofrecer mi humilde opinión a los que han tenido a bien leerla, sentarme frente al teclado y recordar que antes me tenía que adherir a las opiniones de los demás y ahora yo mismo creaba la mía propia .

En esta parte de la blogocosa es más difícil bloguear. La gente es más selectiva a la hora de elegir donde deja su comentario. En realidad aquí, un comentario sabe a la misma gloria que le sabría a un tipo perdido en el desierto un trago de agua. No por ello es menos satisfactorio, en realidad hay cientos de blogs con un alto número de feeds agregados, pero que carecen de estos oasis del desierto blogueril que son los comentarios. Ello hace que en algunos momentos me plantee si realmente se escucha mi voz en la blogosfera y en pocas ocasiones obtengo una respuesta afirmativa por parte de esta parte de la blogocosa. Eso sí de la otra parte, esa que forma mi pasado y la que me formó como bloguer sí la escucho. Siguen  en pié algunos fieles lectores que me recuerdan, constantemente, que no estoy en el desierto sin oasis, y que los oasis vienen por sí solos allí donde hay un tipo con sed.

Esto es la blogosfera. Un lugar donde opinar, en la que tu opinión solo valdrá lo que tú creas que vale. Porque aquí no se trata de evangelizar a nadie si no de ejercer tu derecho de opinión. Y aquí nadie opina por boca de nadie, si no que opinan por la propia y deciden con quien coincidir o no.

Sobre el motivo de spaces y el blog allí alojado, creo que lo dejaré como está, pero quitando ese módulo de amigos que tanto mal ha hecho a esa plataforma. El módulo que ha provocado que lo que un día fue a mi entender la mayor plataforma de blogs en España se haya quedado en una plataforma destinada a una mera red social.

Eso sí, siempre tendré en el corazón aquel blog que comenzó lastimosamente errático, pero que con el tiempo empezó a sobrevolar la blogocosa y a crear en mí la mayor de las aficiones que nunca he tenido, Bloguear. Por eso no lo cierro del todo. Porque cerrarlo sería enterrar una parte importante de lo que soy como bloguer, porque cerrarlo sería traiccionar la raiz del germen que un dia se inculcó dentro de mí. Porque me traiccionaría a mí mismo. Porque no quiero.