La desolación ha hecho presa en todo un país, y no ha sido la causa una guerra o un terremoto. No ha habido una desgracia que no se pueda superar y no se ha acabado el mundo a causa  de la causa.

Simplemente un tipo con mono y casco se ha salido de la carretera y sus aspiraciones de conseguir su premio, se han esfumado cual trozo de alerón trasero esparcido sobre la pista.

Como en todo en este país tan extraño llamado España, él tiene detractores entre sus propios convecinos, pero no han sido ellos los que han provocado su salida, solo las centenares de toneladas de agua arrojadas, por la madre naturaleza, a cubos sobre la pista en la que competía, han tenido la culpa. Y no es que fuera él el único que corría bajo su mojado manto, con él competían unos cuantos más. Lo que pasa es que el azar de correr sobre mojado, ha estado en su contra esta vez.

Él, que ayer rezaba para que la lluvia le acompañase en su asalto al campeonato, llora ahora la aparición de la misma. Esa lluvia, en la que él esperaba ser superior a su compañero y rival, le ha hecho perder casi todas las posibilidades de victoria.

La esperanza nunca se pierde, como dice el proverbio, pero la esperanza, tras este pequeño tropiezo, se hace cada vez más pequeña.

Ahora a esperar otra carrera...y a desearle un poco de mal al compañero. Una salida de pista, un reventón...nada malo. Solo lo suficiente para que no acabe la próxima vez y así dejar algo de esperanza para un piloto hoy desolado, y su afición...hoy quejosa de  infortunios.