Recuerdo el dia en que salió la revista El Jueves con la famosa viñeta en portada. Recuerdo como se escondían sus autores tras el fino velo de la libertad de expresión para quitar hierro al asunto. Y recuerdo también lo que dije al principio de toda esta historia.

Desde el primer momento, el caldo de cultivo que generó esa viñeta obtuvo sus primeros frutos. Se creó una plataforma para la abolición de la monarquía. Se empezó a pedir que la ley dejara de proteger a la monarquía. Comenzó el desprestigio internacional de la misma y propagación de la falsedad de que la monarquía carecía de defensores en España. Y finalmente prosperó el tan anhelado (por sus detractores), olvido del crucial papel que la Monarquía y especialmente El Rey Juan Carlos I, tuvo en la transición para que España viviera en democracia. 

Unos meses despues, no son las viñetas lo que hace correr la tinta de periódicos y blogs, si no la quema de fotografías del Rey. Manifestaciones antimonarquicas. Y las acostumbradas ambigüedades del presidente, que en vez de defenderlo se limita a quitar hierro al asunto. Amén del acostumbrado olvido de la actual izquierda, del uso de simbolos nacionales que nos representan a todos.

Ahora estamos cada vez más cerca de las elecciones Generales. Y ahora se ve claro el porqué del secuestro de una revista. Se ve claro el fin que perseguía. Ahora, la defensa de la monarquía en España ha pasado del plano institucional, a la mera lucha política entre izquierda y derecha. Se empieza a encasillar a sus defensores en Peperos y a sus detractores en Socialistas o Nacionalistas.

Con la polvareda que provoca el debate sobre el Rey, se levantan nuevas barricadas con las banderas y se ponen, a los pies de los caballos, los simbolos que hicieron posible que tras cuarenta años de dictadura, pudieramos elegir cada cuatro años quién queríamos los Españoles, que nos vaciaran la cartera.

Aquellos que  juegan con el dinero de todos, no son capaces de salvaguardar la presencia de quién hizo posible que ellos estén donde están.

El olvido del papel de la monarquía en la transición, solo lleva a un lugar, y este está ochenta años atrás.