Recuerdo que no hace muchos años, se atacó a la Dirección General de Tráfico, por empezar a emitir anuncios en los que se mostraban las secuelas que provocaban los accidentes. También recuerdo como los segundos se defendieron, alegando que la gente debía ver un accidente real para concienciarse del peligro que corrían en la carretera. Unos años después y como dice la canción..."todo sigue igual."

Las mismas campañas que antes escandalizaban, no pasan ahora por más que un buen cortometraje. Ya no se les hace caso, pues la gente se acostumbra. Es como los que trabajan de basureros, al principio sufren por el olor de descomposición, después dejan de olerlo...simplemente se acostumbran a él.

Ni el martilleo constante al que se nos ha sometido durante años con lo del cinturón. Ni la marea de anuncios ligando alcohol con accidentes. Ni la evidencia de saber la proporcionalidad entre velocidad y muerte. Ni la amenaza de quedarnos sin carnet. Nada de esto ha servido para que recapacitemos.

Tal vez el fallo está, en hacer hincapié en salvar nuestra propia vida y no en salvar la de aquel contra el que podríamos chocar. Tal vez, si en lugar de mostrar el dolor del familiar del que produjo el accidente, se mostrara la desesperación de los que dejó atrás el que circulaba bien, se nos removería la conciencia. Tal vez, si dejaran de lado los anuncios y se pusieran a educar a los conductores de verdad...

Si todos nos concienciáramos que ir nosotros bien, no implica que salvemos la vida. Si nos diéramos cuenta, de que si viéramos venir un coche dando vueltas de campana hacia nosotros, nada podría salvarnos. Si empezáramos a ponernos en el lugar de aquel al que le provocamos la muerte. Si aceptáramos que nosotros mismos, tras un despiste, podemos ser los asesinos.

Demasiados "Ni", demasiados "Tal vez", demasiados "Si". Simplemente un poco de cuidado salvaría muchas vidas. Un poco de conciencia vial, de urbanidad. Simplemente darse cuenta de lo peligrosos que podemos ser nosotros al volante. Tan solo darnos a nosotros, la lección que creemos que debemos dar a los demás. Solo humildad para aceptar nuestros propios errores.

Saber que una pequeña infracción, sumada al despiste del que viene de frente, solo tiene un resultado. MUERTE.

De alguien que se pasa la mayor parte de su vida, dependiendo de los pequeños instantes en que los demás se despistan. Una sola petición, dejadme morir de viejo.