Este Blog no es político ni lo pretende ser. Puede que esta entrada sea la única que se dedique, exclusivamente, a la política. No vamos a juzgar de qué partido político somos cada uno y menos, a criticarnos. No permitiré ningún tipo de ataque a ninguna formación, y menos, la exaltación a cualquier opión política. Todas aquellas que vayan contra una de estas dos leyes, que solo serán válidas para esta entrada, serán borradas.

Un claro ejemplo de para qué puede
servir la política real

¿Realmente estamos en unas elecciones locales y Autonómicas?

Desde hace un tiempo vengo advirtiendo, al igual que la mayoría de vosotros, que en estas elecciones no se tocan los temas locales y sí los generalistas. No se habla del alcantarillado ni la inseguridad, ni de la desaparición de la policía de barrio, ni de la especualción urbanística en ciudades de todo color político...(bueno esto sí pero como arma arrojadiza), ni de la recogida de basuras, ni de la ampliación de una feria...

Los Alcaldables, quedan inmersos en las guerras de las altas esferas políticas, que se toman estas elecciones, más como unas primarias de las Generales, que de lo que son de verdad, la eleción de Alcaldías.  Lo malo de esto, es que no hacemos nada para remediarlo. Ni nosotros ni nuestros Alcaldes. ¿Alguien sabe cuando hay un mitin de algún Alcaldable de su pueblo? Seguro que no, pues estos mítines están cerrados a sus afiliados. Eso es como predicar las bondades del azucar entre azucareros.

Y por ahí comprendo esa absurda opinión generalizada de "son todos iguales". Eso es mentira.

En la elección de las Alcaldías, es en el único momento en que una democracia, se puede parecer lo máximo posible, a ella misma. Es la única votación que se puede realizar con la persona en cuestión de referencia. Puedes conocer al candidato. Saberlo todo sobre él. Elegir tu voto, estando seguro al cien por cien, de a quién se lo das. Saber antes de votar cual és, exactamente, el uso que se le dará a ese voto.

En las Autonómicas o las Generales, esa elección es más general y las orientaciones de los votos, más insípidas que otra cosa. Tu voto es posible que se mueva más por afinidades generales, que por la persona que se vota. Y por descontado, tu voto es menos tuyo, pues con él se reclama el derecho a hacer algo con lo que tal vez no estés de acuerdo. Nuestro voto, aunque lo neguemos, es sectario. Muy dificilmente cambiaremos nuestro voto por lo que diga uno u otro. Solo la cantidad de gente que vote, cambiará o no los gobiernos.

La política, alienta el absentismo en las votaciones. Y lo hace consiguiendo que su simple seguimiento diario, haga llegar al astío mas absoluto, a quién pretenda seguirla. Los dimes y diretes continuos. Las vanalidades y reproches continuos de unos a otros. Los teperdonolavidasitunodicesesto y los elloshicieronpeorynolesdijimosnada, hacen que la democracia decaiga en pasotismo. Y ese es el peor veneno al que la democracia puede hacer frente. Un veneno que ataca lentamente y produce la caducidad de la misma a lo largo de los años.

Solo con que los Alcaldables hicieran un poco de política real, esta tónica de los últimos años cambiaría. Nos haría replantearnos todos y cada uno, de los puntos que sustentan nuestra intención de voto. Se llegaría a la conclusión, de que realmente todos los políticos quieren lo mejor para todos nosotros. No nos quedaríamos con el que, a nuestro parecer, menos malo fuera. No usaríamos ese veneno contra nosotros mismos. Tendríamos una democracia digna. Una democracia pura. Una democracia real...

Una revolución cívica

Nuestros políticos más próximos, nuestros alcaldables, deberían iniciar una revolución cívica y reivindicativa que hiciera entender a las altas esferas políticas, que no todo vale. Un movilización de este tipo, puede que cerrara definitivamente las heridas que hemos heredado del pasado y que hacen irreconciliables a dos Españas que se obstinan es marcar las diferencias entre ellas, olvidando que son la misma España. Obligaría a nuestros políticos a cambiar sus discursos insípidos y vanales y dejarían de sobreprotegerse las espaldas, atreviendose a realizar verdaderas políticas sociales y a mejorar el mercado libre sin ningún tipo de prejuicio.

Nos ayudarían a mejorar nuestra vida. Eliminarían nuestras posibles disputas. Favorecerían el debate social sin crispación. Nos evitarían tener a la política, como el mayor tabú, al que una familia debe hacer frente.

Por una democracia real. Por verdaderos debates políticos sin hipocresías, sin medias verdades...y por supuesto, sin medias mentiras.